Saddle Bar: coctelería, alta cocina y hospitalidad. El restaurante heredero del mítico Jockey refuerza la propuesta de su bar con una carta de tapas, platos y raciones pensados para compartir y acompañar su coctelería de autor
Abierto de 13:30 a 00:30 horas y con cocina ininterrumpida hasta las 22:00 horas, el Bar Saddle se consolida como un espacio versátil, flexible y de hospitalidad relajada que se adapta a cualquier momento del día y que acerca el universo Saddle a un público más amplio desde un formato más ágil, informal y accesible
Todo ello sin renunciar al refinamiento, al producto de temporada y de máxima calidad y al servicio de alta escuela que han convertido a Saddle en uno de los grandes clásicos contemporáneos de Madrid. Saddle Bar: coctelería, alta cocina y hospitalidad.
Madrid, junio de 2026.- Saddle Bar: coctelería, alta cocina y hospitalidad. Un bar de lujo, sí. Pero un bar al fin y al cabo. Así es Saddle Bar, el lado más libre, flexible y animado del gran clásico contemporáneo madrileño. Ubicado a la entrada del estrella Michelin, recupera el espíritu del gran bar elegante de Madrid desde una mirada actual, más relajada y accesible, pero igual de sofisticada. Un espacio donde la alta cocina, la coctelería de autor y el servicio de alta escuela conviven sin rigidez ni etiquetas, adaptándose a cada momento del día: unos boquerones en vinagre con un Dry Martini a la hora del aperitivo, unos callos acompañados de una botella de buen vino para una comida pausada, ostras con champagne a media tarde antes de seguir con las compras o una cena improvisada de cócteles y platos para compartir. Todo es posible en el bar de Saddle sin necesidad de reservar ni de vestir chaqueta.
Cuando Saddle abrió sus puertas a finales de 2019 en el número 6 de la calle Amador de los Ríos, Madrid no hablaba de otra cosa. El motivo era evidente: el proyecto ocupaba el espacio del legendario Jockey, uno de los grandes templos de la gastronomía y del poder madrileño durante más de medio siglo. Siete años después del cierre de aquel icono frecuentado por empresarios, políticos, aristócratas y figuras de la cultura, Saddle —cuyo nombre significa porque significa silla de montar— recogía el testigo desde una visión contemporánea del clasicismo: alta cocina burguesa revisada, impecable servicio de sala y una idea del lujo basada más en la discreción que en la ostentación. Un lujo silencioso donde todo parece fluir con naturalidad: los manteles impecables, la vajilla noble, la luz, el ritmo pausado del servicio y una cocina que entiende que el producto siempre debe hablar más alto que la técnica. Pero, mientras el restaurante continúa consolidado como una de las grandes mesas de Madrid —estrella Michelin, dos Soles Repsol y habitual escenario de comidas donde todavía se cierran operaciones financieras, acuerdos políticos o fichajes de fútbol—, hay otro espacio dentro de Saddle que resume especialmente bien su manera de entender hoy el lujo y la hospitalidad: su bar.
DONDE ESTABAN LAS MESAS MÁS CODICIADAS DE JOCKEY
Quienes vivieron la época dorada de Jockey suelen decir que «Jockey terminaba donde hoy empieza Saddle». El actual comedor del restaurante ocupa buena parte de lo que antiguamente fueron las cocinas y almacenes del histórico establecimiento. Sin embargo, la zona de entrada, donde se situaban las míticas bancadas corridas de terciopelo verde junto a los ventanales —las mesas más deseadas para ver y ser visto— es hoy el territorio del Bar Saddle. Allí donde antes reinaba la solemnidad, hoy se despliega un espacio más relajado, ágil y abierto. Mesas bajas, iluminación tenue, servicio dinámico y una atmósfera donde conviven clientes que llegan a tomar un aperitivo, ejecutivos que prolongan una reunión, parejas que quienes cenar por menos de 100 € o habituales que simplemente quieren disfrutar de una copa sin necesidad de atravesar el ritual completo del gastronómico. Porque aquí no hace falta reservar con semanas de antelación ni dedicar tres horas a una comida ceremonial. Se puede entrar a cualquier hora entre las 13:30 y las 00:30, pedir un Dry Martini perfectamente ejecutado, compartir unas raciones marcharse una hora después. O quedarse toda la noche. Las normas las pone el cliente.
UNA DE LAS GRANDES BARRAS DE MADRID
La coctelería siempre formó parte del ADN de Saddle, pero el bar ha terminado por convertirse en un destino en sí mismo. Galardonado en dos ocasiones con el Premio FIBAR Valladolid a la Mejor Coctelería de Restaurante, el espacio presume además de una de las cartas de destilados más extensas de España: más de 300 referencias de whisky, además de brandis, rones, calvados y piezas difíciles de encontrar en el mercado nacional. A ello se suman más de 1.400 referencias de vino procedentes de la espectacular bodega del restaurante, así como cafés y tés de especialidad cuidadosamente seleccionados. Sin embargo, el gran protagonista de Saddle Bar es el cóctel.
La carta de coctelería incluye una veintena de propuestas donde tradición y técnica contemporánea dialogan constantemente. Presentaciones minimalistas, elegantes y precisas, en línea con la filosofía del “menos es más”, donde abundan los redestilados, maceraciones, clarificados y elaboraciones artesanales propias y donde lo que importa es el sabor. Sobresale especialmente la familia de los Dry Martini, probablemente los cócteles que mejor representan la filosofía de Saddle. Aquí no existe una única versión correcta, sino tantas como clientes: más o menos seco, más cítrico, más salino, más intenso o más aromático. A partir de ahí, el equipo adapta cada ejecución de forma personalizada. Entre los más celebrados destacan el Oliva —con vodka Beluga redestilado con aceitunas negras—, el Vernacci —más elegante y cítrico— o el espectacular Oysper, un Dry Martini marino construido con ginebra redestilada con ostras, vodka infusionado con laurel y Lillet Blanc.
También destacan sus aperitivos, más complejos y gastronómicos, como el No es Negroni, una versión del clásico con más recuerdos a madera; el Trinity, inspirado en el Trinidad Sour, donde se reduce la cantidad de Angostura Aromatic Bitters y se suaviza su potencia con un Orgeat de pistachos y anacardos casero; o el Tanzania, cóctel donde los nibs de cacao de Tanzania aportan aroma y las melazas saladas de caña de azúcar dan profundidad y lo curioso es que es servido a temperatura templada. Y también los llamados Clásicos de Saddle, especialmente el Gin Jockey, una reinterpretación del mítico Jockey Fizz que durante décadas marcó la historia líquida del histórico restaurante madrileño. Un cóctel delicado, aromático y refrescante, perfecto para abrir el apetito o acompañar una comida ligera.
La oferta se completa con una cuidada selección de cócteles low alcohol y sin alcohol. Aunque incluso las versiones alcohólicas están cuidadosamente equilibradas y aligeradas para que la experiencia no dependa de la potencia etílica, sino de la armonía aromática, la textura y la capacidad gastronómica del trago. Porque en Saddle la coctelería no se limita al aperitivo sino que incita a comer con cócteles.
LA CARTA DE BAR: LA EXPERIENCIA MICHELIN EN UN FORMATO MÁS INFORMAL Y ACCESIBLE
La gran novedad de Saddle Bar es su carta gastronómica, diseñada específicamente para acompañar la propuesta líquida. Una carta accesible, compartible y mucho más informal que la del restaurante gastronómico, pero profundamente conectada con el ADN culinario de la casa. Hay platos pensados para comer con las manos, para compartir alrededor de la mesa o para armonizar con determinadas familias aromáticas de cócteles. Entre las propuestas aparecen clásicos absolutos como los Callos de Jockey —una reinterpretación más refinada y ligera del plato histórico, elaborada únicamente con vaca vieja gallega y paleta ibérica—, la Anchoa 000 con pan casero y mantequilla de oliva negra, el boquerón en vinagre hecho en casa o el impecable pâté en croûte que resume perfectamente esa idea de clasicismo contemporáneo que define a Saddle. La carta también incorpora algunos de los platos más reconocibles del restaurante en un formato más flexible y desenfadado, como las ostras gallegas en tres versiones —al natural, en salpicón y à la mignonette—, el roast beef de rubia gallega con pudding Yorkshire o la brocheta de solomillo de vaca madurada.
Los platos pueden acompañarse además de guarniciones clásicas, como el brioche de mantequilla Saddle, los pimientos de Navarra, el cogollo tierno con vinagreta de saúco y salsa de mantequilla o las patatas fritas con salsa bearnesa. Y para terminar, postres igualmente pensados para compartir y prolongar la sobremesa, como la selección de quesos o la panna cotta de chocolate 75% con helado de nuez pecana.
EL ARTE DE COMER CON CÓTELES: LA EVOLUCIÓN DEL MARIDAJE CLÁSICO
En Saddle, la armonía entre cocina y coctelería alcanza un nivel poco habitual en la restauración madrileña. Muchos de los platos han sido pensados, seleccionados o ajustados específicamente para funcionar junto a determinados cócteles, generando armonías donde aromas, texturas, acideces y matices amargos se potencian mutuamente. Aquí lo interesante es dejarse llevar por el equipo de sala para descubrir, por ejemplo, que las ostras gallegas encuentran su espejo líquido en Oysper —ginebra redestilada con jugo de ostras—, mientras que el roast beef de rubia gallega madura alcanza otro nivel junto a un atrevido Penicillin caribeño —un sour ahumado elaborado con ron prémium—. «La intención no es imponer un maridaje rígido, sino invitar al cliente a descubrir cómo determinados sabores y estructuras pueden dialogar entre sí de forma natural y sorprendente«, explican desde el bar. En definitiva, una manera mucho más actual y menos encorsetada de entender la gastronomía, donde el cóctel abandona definitivamente el papel secundario que históricamente había ocupado frente al vino.
Dirección: Amador de los Ríos, 6. Madrid
Teléfono: 912 16 39 36
Horario: de 13:30 a 00:30 horas
Cocina ininterrumpida de 13:30 a 22:00 horas
Precio medio: 95 €


