Dehesa Monteros: el capricho del verano. El verano está cambiando la forma de disfrutar de los grandes productos gastronómicos y, por ello, los ibéricos de Dehesa Monteros se posicionan como uno de los grandes placeres de la temporada; ligados a la Serranía de Ronda, al tiempo y a la excelencia, encuentran en esta época del año el momento perfecto para compartirse en su máxima expresión.
Rompiendo con el mito de que los ibéricos son solo para la Navidad, Dehesa Monteros reivindica el verano como la estación ideal para disfrutar de un ibérico de alta gastronomía, único por la combinación de bellota y castaña que define su personalidad.
Dehesa Monteros reúne las claves para disfrutar del ibérico en verano en su máxima expresión. Desde la forma de conservarlo y servirlo correctamente hasta los maridajes que mejor potencian su aroma, textura y sabor.
Ronda, junio de 2026.- Durante años, el jamón ibérico ha estado ligado casi exclusivamente a la Navidad, a las grandes celebraciones y a las mesas de invierno. Sin embargo, para muchos expertos, el verano es una de las mejores épocas del año para disfrutar de este producto. Las temperaturas más cálidas favorecen la expresión aromática del ibérico, permiten que la grasa infiltrada alcance su punto óptimo y potencian matices de textura, sabor y persistencia que pasan más desapercibidos en otras épocas del año. Esa es precisamente la reivindicación que realiza Dehesa Monteros, devolver el ibérico a su condición de producto gastronómico para disfrutar durante todo el año y no únicamente en momentos señalados. Una visión que encaja con la filosofía de una firma que lleva más de dos décadas elaborando productos 100% ibéricos de Alto Nivel en la Serranía de Ronda y que ha convertido la calidad de la materia prima, el tiempo y el respeto por el producto en sus principales señas de identidad.
A diferencia de los meses invernales, donde los productos no están atemperados y la grasa se presenta compacta, fría y sin aroma, el calor del verano actúa de catalizador organoléptico. Como bien dice el refranero popular, ‘Ningún jamón es malo en verano’. Esto se debe a que las grasas funden a ciertas temperaturas, modificando su textura, desprendiendo su aroma natural y potenciando su sabor. En el caso del jamón de bellota 100 % ibérico, cuya genética le predispone a depositar grasa intramuscular y subcutánea muy saludable —principalmente ácido oleico—, la temperatura de fusión es notablemente más baja que en el resto de las razas. El calor estival hace que esta grasa se vuelva melosa, mejorando drásticamente la experiencia del comensal en cada bocado. «Queremos reivindicar que un ibérico de máxima calidad es un producto para disfrutar durante todo el año. Cada vez más consumidores lo incorporan a sus encuentros estivales, demostrando que la excelencia gastronómica no entiende de estaciones», explica Chelo Simón, directora de Marketing y Operaciones de Dehesa Monteros.
EL CAPRICHO IBÉRICO DELVERANO
En un momento en el que el lujo se asocia cada vez más a la autenticidad, al origen y al disfrute, los grandes ibéricos encuentran un nuevo espacio de protagonismo en el hogar. Compartir una tabla de jamón perfectamente atemperado en una terraza, un jardín o un balcón durante el verano se convierte en una experiencia gastronómica difícil de igualar. Un placer sencillo en apariencia, pero detrás del cual se esconden años de crianza, selección genética, alimentación y elaboración artesanal que explican la complejidad y el valor de cada loncha.
Para que la experiencia veraniega sea perfecta basta con seguir unas pautas sencillas. Aunque haga calor, el jamón no debe exponerse al sol directo; una temperatura ambiente templada es suficiente para que la grasa comience a volverse transparente y melosa. Si el producto se guarda en frío, es vital sacarlo de la nevera al menos una hora antes de consumirlo para que se atempere de manera natural. En el caso de estancias con aire acondicionado fuerte, un gran truco es pasar el plato vacío por agua caliente y secarlo bien antes de colocar el jamón recién cortado, logrando que el calor residual del plato funda la grasa de inmediato. Finalmente, se recomienda cortar exclusivamente las lonchas que se vayan a comer al momento para preservar intacta su jugosidad ante la evaporación veraniega y, si se dispone de una pata entera, proteger siempre la zona del corte tapándola con los bordes de grasa limpia retirados al abrirla y un paño de algodón limpio.
El MARIDAJE ESTIVAL PERFECTEl verano también transforma la forma de acompañar a un producto ibérico. En el caso de Dehesa Monteros, las altas temperaturas potencian la melosidad y la untuosidad del jamón, haciendo que la elección del maridaje cobre un especial protagonismo. En esta época del año, las propuestas más frescas y ligeras permiten equilibrar su intensidad y realzar todos sus matices.
En verano, los vinos finos y las manzanillas destacan como uno de los maridajes más adecuados gracias a su carácter seco y salino, mientras que la burbuja de un buen champagne o cava aporta frescura y equilibrio. Para quienes prefieren el tinto, las referencias jóvenes y afrutadas, servidas ligeramente frescas, armonizan a la perfección con los matices del ibérico de Dehesa Monteros. «Un gran ibérico merece un maridaje que respete su personalidad y potencie sus matices, no que los enmascare. En verano apostamos por propuestas frescas, ligeras y equilibradas que permitan disfrutar de toda la riqueza aromática y la melosidad que caracterizan a los ibéricos de Dehesa Monteros», afirma Chelo Simón.
UN IBÉRICO ÚNICO Y EL SECRETO DE LA CASTAÑA
El secreto de la excelencia de Dehesa Monteros reside en su origen, la Serranía de Ronda. Sus montes adehesados, de orografía abrupta y accidentada, obligan a criar cerdos ágiles y adaptados a la dureza del terreno, que campan en libertad absoluta durante sus casi dos años de vida. Pero el verdadero factor diferencial del ecosistema de Dehesa Monteros es el Valle del Genal, el segundo mayor productor de castaña de España. Los animales disfrutan de una ‘premontanera de castaña’ entre septiembre y octubre, justo antes de la montanera tradicional de bellota. Esta ingesta complementaria —de unos 100 kg de castaña dulce por animal— matiza el amargor y la astringencia de la bellota. El resultado es un producto excepcionalmente equilibrado, elegante y más dulce en boca, con unos niveles de ácido oleico cercanos al 56 %, logrando una grasa tan delicada que se funde, literalmente, con el simple roce de los labios.
Más información: www.dehesamonteros.com


